viernes, 22 de marzo de 2013

Ha fallecido Joaquín González Echegaray

Fotografía: Virgilio Fernández Acebo



El CEM y los González Echegaray

Los González Echegaray son una familia clave en la erudición y la historiografía de Cantabria a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX. Carlos, Rafael, María del Carmen y Joaquín investigaron, escribieron y publicaron muchos trabajos que han enriquecido diversos campos del conocimiento, entre ellos los relacionados directamente con la historia de nuestra región. Y en esta labor enfocada hacia Cantabria no pocas veces fueron de la mano del Centro de Estudios Montañeses, al cual han estado vinculados, de un modo u otro, durante las últimas seis décadas.
El CEM no se entiende sin su impronta, sobre todo sin la de María del Carmen y sin la de Joaquín, quien fue presidente de la institución entre 1977 y 1985, etapa convulsa y compleja, marcada por la Transición política, la reestructuración territorial de España en autonomías, o la necesaria redefinición del papel del CEM en un espacio cultural y simbólico en el que la Universidad de Santander, luego de Cantabria, fue ocupando un lugar a todas luces preponderante.
Pero si en el ADN del CEM Joaquín y Mª del Carmen González Echegaray son elementos esenciales, también puede decirse que el CEM era y es un factor básico en la vida y la obra de estos dos hermanos. En el caso de Joaquín de forma más visible sí se quiere, pues como ya se ha dicho fue presidente de la institución durante dos mandados seguidos. Pero los trabajos de ambos hermanos pueblan con generosidad las entregas de la revista del CEM, la veteranísima revista Altamira, y ambos figuran además con inusitada frecuencia en el discurrir de la variopinta trayectoria del CEM: actas, conferencias, charlas, informes, monografías, etc.
La figura de Joaquín González Echegaray es sin duda uno de los principales referentes que puede presentar el CEM a sus propios miembros y a toda la sociedad de Santander y Cantabria. Su honradez intelectual, su asombrosa capacidad de trabajo, su erudición y conocimientos, su limpio estilo literario, su proverbial generosidad con quienes a él se acercaban con a ganas de aprender..., son ejemplo y estímulo para todos los miembros que hoy conformamos el CEM, y seguro que lo serán para quienes se sumen a esta pequeña familia en el futuro.
La muerte le ha llegado a Joaquín en un momento de estupenda madurez intelectual, y se lo ha llevado mientras recibía merecidos reconocimientos académicos e institucionales y, sobre todo, mientras seguía trabajando lápiz en mano en las pruebas de un nuevo libro. Digno final para un gran hombre de letras.